Mae, ¡la vaquita vuela!

Hoy por primera vez en mi vida, tengo un libro diario, mejor dicho este cuadernito que pienso utilizar con dicho fin. En este diario voy a escribir todas las experiencias vividas, en esta nueva etapa de mi vida y de mi carrera profesional. En mayo del año pasado, un grupo de colegas y yo tuvimos la suerte de ser designadas para participar del 1º Seminario de Alfabetización Científica que se realizara en Santo Tomé, Corrientes. Muchas fueron las cosas que aprendimos, entre ellas, a ver las Ciencias Naturales como algo que se aprende viendo, viviéndola y realizando las experiencias necesarias para entenderla.
No te imaginas lo difícil que se me hace explicarte con palabras, el gran cambio interior que se ha producido en mí a partir del Seminario, pero… allá voy, trataré de hacerlo utilizando las palabras más simples y comunes de nuestro idioma.
Antes, para enseñar ciencias naturales, lo primero que hacía era ver los contenidos que debía desarrollar de acuerdo al grado y ciclo que me tocaba ese año, anotarlos, ver si el mismo estaba en el manual o libro elegido  para trabajar si no era así, consultaba otros libros, elegía el que tuviera el tema con la experiencia más simple para realizar y que fuera fácil de entender. Los chicos la copiaban y por último debían estudiar de memoria para la próxima clase… Ya se lo que estas pensando y tenes toda la razón del mundo, pero ¡que le voy a hacer! si a mí me habían enseñado así.
Ahora todo cambió -eso no quiere decir que no tenga en cuanta los temas que debo desarrollar, al contrario, ahora más que nunca consulto los nap (núcleos de Aprendizajes prioritarios)- mis alumnos y yo, nos hemos transformado de meros receptores del saber a ser los grandes observadores y descubridores sobre conocimiento de la naturaleza.
Además he aprendido a no subestimar a mis alumnos en cuanto a lo que ellos saben del mundo en el cual vivimos, he salido (o mejor dicho  me he bajado) de la errónea posición de creer, que lo sé todo y no me arrepiento para nada. ¡No te imaginas la alegría que ellos sienten cada vez que tienen ciencias naturales!  y te das cuenta cómo aprenden con solo mirarlos porque… en sus rostros se nota que lo hacen con muchas ganas y felicidad.
¡Ni te cuento la que se armó en la escuela, al volver del seminario! Algunas, como yo, retornamos muy entusiasmadas y sin esperar nos pusimos a trabajar con los chicos casi en forma inmediata, otras, en cambio, no lo hicieron -quizás por miedo a equivocarse-, unas prefirieron trabajar en forma conjunta con sus compañeras, otras lo hicieron solas.
¡Lástima! Ninguna de nosotras se avivó de proponer una reunión para ver y decidir en forma conjunta qué temas enseñar teniendo en cuenta la carpeta con los contenidos, traída de Corrientes.  Ese fue el motivo por el cual los temas desarrollados resultaron  diferentes, cada una eligió el que más le gustó, le resultaba más fácil y corto.
Pero pese a todo esto que te estoy contando, y que parece un gran desastre, surgieron las más lindas experiencias  y trabajos dentro y fuera del aula, por ejemplo:
El 1º A y C trabajo con el tema del agua: Acá los niños jugaron con distintos elementos y respondieron a las preguntas realizadas por las docentes: ¿Qué pasa cuando juego con agua?,¿Qué pasa si quiero agarrar el agua con las manos? Algunos gritaban:“Se cae” ¿Se puede agarrar? NOOOOO! ¿Por qué? Los niños entusiasmados respondían “porque es finita”, “porque tiene un agujerito la mano”. ¿Cómo es el agua? “el agua se derrite y queda flotando”, “el agua es suave”. Y así, a lo largo de la experiencia, las docentes tratan de inducir a que los niños logren identificar el agua como un líquido.
También lo hicieron los del 2º B,  y a la maestra – cuando estaban estudiando los sonidos del agua- se le ocurrió preguntarles si alguno conocía las Cataratas del Iguazú. Y en ese instante Alejandro atropellando las palabras dijo: “yo conozco, fui con mi papá y mi mamá en el camión que maneja papá”
-“¿y qué te parecieron, Ale?”
-“¡Es lindo mae! Allí sí que hace un ruido muy fuerte, uno tiene que hablar a los gritos porque no se escucha… ¡del ruido del agua!, y hay muchos saltos…y yo tenía miedo, si uno se cae allí, se muere.
-”Por supuesto es muy peligroso – dijo la mae, con voz protectora. Entonces…los sonidos del agua, pueden ser suaves o muy fuertes, según la cantidad de agua que caiga”.
Mientras tanto las maestras de los otros grados decidimos trabajar con el tema:”los seres vivos”. En un momento en el que los alumnos del 2º C observaban un grupo de hormigas uno de los chicos, puso su cara mas seria y dijo: “observo que se cuidan entre ellas y se quejan si alguien la agarra con las manos” y de esta manera cada una de nosotras fue viviendo y experimentando un montón de cosas nuevas.
Pero… ¡no pienses que esto termino aquí! no, no te equivoques. Mientras mis colegas desarrollaban el tema,  mis chiquitos de 1º D y yo regresábamos al salón cada uno con un bichito pequeño dentro del frasco, ¡felices por tenerlo!
Vos no te imaginas lo lindo que fue ver a todos mis pequeños sentaditos con una lupa en la mano observando y dibujando al animalito que habían traído. Todo iba bien… hasta que a una de las nenas, mirando una vaquita de San Antonio, le pico la curiosidad por saber si la misma podía volar o no, entonces abrió el frasco y la quizo colocar en la mesa, pero ésta al percatarse que el frasco estaba abierto voló y todo el grado exclamó a una sola voz, “¡¡¡mira mae, la vaquita vuela!!!”.   
Docente Claudia Ribeiro
Escuela 57 de Garupá, Misiones.
15/02/2008 11:18 Autor: piie. #. Tema: PAC.


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